La
muchacha y el tesoro
Relato corto escrito por
“Un tesoro por resolver”
Brenka
vivía en una pequeña aldea al borde del Parque Kruger en África.
Era un día soleado, y hacía
mucho calor, pero eso no impedía que como cada mañana Brenka tuviera que
cruzar un sendero por donde no pasaba nadie. Tenía que ir al pozo a por agua
para la aldea.
Ese día caminando y caminando sin
parar empezó a escuchar unos ruidos un poco extraños que provenían de una
casa de madera que llevaba años deshabitada. La curiosidad la hizo entrar en la
casa para saber qué era ese ruido.
El interior de la casa no tenía nada
que ver con lo que se veía desde el exterior, estaba decorada de una manera
distinguida y con muebles de estilo europeo. Parecía mas grande por dentro que
por fuera pero lo que le llamó más la atención
fue que había justo en el centro del salón una mesa llena de manjares.
Tenia mucha hambre así que sin pensárselo
dos veces se sentó en una silla y se puso a comer. Ya estaba terminando de
comer cuando volvió a escuchar el mismo ruido de antes, se levantó de la silla
y empezó a dar vueltas por la casa para ver de donde venía; llegaba del sótano
y al bajar encontró un gran baúl que se movía; algo tenía que haber dentro,
así que lo abrió y, cual fue su sorpresa cuando descubrió que no era un
simple baúl, sino una puerta que conducía al interior de la tierra.
Sin pensárselo dos veces , se metió
en el baúl, bajó por una pequeña escalera de caracol hasta llegar a lo que
parecía un túnel.
Tardó
varios minutos en acostumbrarse a la oscuridad antes de atreverse a caminar por
él. Caminó a oscuras durante unos 10 minutos, le parecía mucho más,
tanteando la pared como lo haría
un ciego hasta que llegó al final del túnel.
Pero, al final del túnel se encontró con una pequeña puerta. Observó que en la puerta habían dibujado una estrella y a ambos lados dos huellas de manos.

Ella puso sus manos sobre las
huellas para ver si eran parecidas; eran idénticas, y de repente, la puerta se
abrió. Tuvo que agacharse para poder entrar. Una vez dentro, pudo contemplar
que estaba en una sala grande iluminada por antorchas, En la sala no había
muebles como en la casa, la única decoración consistía en una pequeña mesita
y sobre ésta una cajita de madera. La cajita le “decía” a Brenka: ¡Ábreme
!
Brenka abrió la cajita y encontró en
su interior un papel antiguo, lo cogió y vió lo que parecía un mapa. Conocía
los lugares señalados en el mapa. Lo guardó y volvió por el túnel hasta la
casa.
Salió de la casa corriendo con el
mapa entre sus manos para compartir con su amigo Meko su aventura, casi se le
olvidó que tenía que llevar agua a la aldea.
Cuando ya había cumplido su
tarea se apresuró a buscar a su amigo, para enseñarle el mapa. Los dos amigos
se tumbaron a la sombra de un gran árbol
y extendieron el mapa en el suelo polvoriento para interpretarlo. Brenka
enseguida se situó e hicieron los planes y preparativos para salir a explorar.
Al día siguiente, antes de la salida del sol, comenzaron a caminar en busca de las posibles pistas del mapa. No sabían que escondía el mapa.
El mapa les llevo por un sendero
y les guió hasta un río. Al llegar al río, buscaron un puente para cruzarlo;
como indicaba el mapa que deberían hacer; lo que
quedaba
del puente no servía para nada, por su aspecto llevaba roto mucho tiempo.
Entonces Brenka se fijó bien en el
caudal del río, este llevaba poca agua y decidieron cruzarlo a pié. Poco a
poco se adentraron en el río, llegando éste a cubrirles hasta la cintura en el
punto más profundo, y fue entonces cuando se asustaron al ver que el agua se
volvía de color negro.
Corrieron hasta la otra orilla y se
miraron las ropas, sólo estaba mojadas, ninguna señal del color negro del
agua. Tampoco el río parecía llevar tinta negra, había vuelto a su aspecto
normal.
Siguieron caminando, siguiendo la ruta
del mapa buscando las diferentes señales indicadas para encontrar , “su
tesoro al final del camino”.
Ya inmersos en una zona arbolada, el
mapa les decía que buscaran un árbol, algo peculiar, ya que tenía que tener
forma de hombre. Brenka pensó que
un árbol así seria fácil de encontrar, pero se equivocaba, no había árbol
así.
Cansados de buscar y buscar y viendo
que se estaba haciendo tarde , no querían que en la aldea se preocupasen por
ellos, decidieron terminar su aventura allí, en ese momento.
Pero como el camino de vuelta era
largo, se sentaron en el suelo y se apoyaron en un árbol.
Su sorpresa fue que al apoyarse en el
tronco del árbol, éste se abrió en dos mitades. La suerte estaba de su parte,
la suerte quería que encontraran la entrada. Se fijaron entonces en el árbol y
pudieron ver su forma de hombre, con sus ramas abiertas como brazos dándoles la
bienvenida.
Enseguida se metieron en el interior
del árbol. Había escalones que les conducían hacia bajo. Los siguieron hasta
un pequeño espacio localizado entre las raíces del árbol. No había mas túneles
ni cámaras, solo el pequeño habitáculo.
Vaya desilusión se llevaron al ver
que no había ningún cofre con un gran tesoro.
Entonces Meko, cuyos ojos se habían
acostumbrado ya a la oscuridad por completo dijo “ espera que entre aquellas
raíces veo algo !“ Era algo
pequeño, y no tardó mucho en sacarlo de su escondite.
“ ¿Què es? Le preguntó Brenka
algo nerviosa.
Lo que tenía Meko en las manos era un
pequeño cofre de marfil. 
“ Ábrelo, Ábrelo!!” le gritaba Brenka.
No llevaba cerradura por lo que Meko
pudo abrirlo sin problema. En su interior encontraron un precioso collar de oro
y diamantes. Se volvieron locos de alegría con su descubrimiento.
Salieron del árbol con su tesoro y
regresaron corriendo, ya no estaban cansados, solo querían compartir su alegría
con las familias de la aldea.
Al pasar por el mismo río, éste ya
no cambió de color;a punto ya de anocher, llegaron a la aldea.Todos les estaban
esperando con preocupación en sus caras pero al reconocerles pasaron a caras de
alivio; estaban sanos y salvos y de vuelta a sus casas.
¿Por qué habéis tardado?-.-¿Dónde
habéis estado?-.-¿Quién os dió permiso para salir?-
Estas fueron algunas de las preguntas
que les hicieron.
Brenka
y Meko ,entonces, al calor de una hoguera, contaron desde el principio su gran
aventura. Y para demostrar que lo que decían era verdad, enseñaron a todos los
presentes el collar que el árbol les entrego.
Sus vidas cambiaron a partir de ese día.
Las dos familias eran ricas. Ni Brenka ni Meko tuvieron que ir más a por agua
para la aldea.
FIN